Una mañana compartiendo la cama con un desconocido quien antes era o pensabas que era el amor de tu vida..
Un desayuno, un café con galletas de salvado que a ninguno le agradaba pero que consumían como si eso no les importara.
Solo invade el silencio en ese comedor tan vacío, tan lúgubre...
Se oyen las galletas romperse contra los dientes, una cuchara que rompe el silencio contra la taza de porcelana blanca con un grabado de rosas rojas y lilas...
Ambos toman sus teléfonos y se insertan en sus mundos..
Siguen desayunando juntos y tan solos al mismo tiempo...
Esto es lo que se llama: desamor
lunes, 16 de diciembre de 2019
La triste verdad
Todo comenzó como una broma al destino, un sentimiento desgarrando las paredes del corazón, el cierre de un ciclo, de un amor...
Un sentimiento de muerte, de llanto al borde de los lagrimales, suspiros profundos...
Y es ahí cuando te das cuenta que todo eso que te importaba y dejaste ir, ya no estará para ti, sino para alguien más...
Recordas de a poco lo vivido, lo que faltó por vivir...
jueves, 29 de marzo de 2018
Relato de un amor en cenizas.
RELATO DE UN AMOR EN CENIZAS.
Se comprenderá que aquellas situaciones difíciles se
volvieron demasiada monotonía...
Todo ese cariño que existía en sus miradas comenzaba a
desaparecer de a poco; esas largas noches de eternas charlas sobre mundos por
conquistar, y ese amor que se profesaban con tanta chispa comenzaba por
extinguirse.
Ella mantenía horas interminables dentro de su hogar con
la sola certeza que un día llegaría y la abrazaría como lo hizo ese primer día
en que le pidió permiso para hacerlo y
así sentir su alma al rodearla con sus brazos. Sus ganas de verlo, sentirlo,
tenerlo cerca, hacían cada vez más continuos los rechazos de su amado,
obteniendo respuestas que le rompían el corazón en mil pedazos. Comenzó a planear su vida pero ya no en compañía
de quien le había robado su corazón, sino sola…
Pensó en mil estrategias para salir ese lugar que la aprisionaba, la
ahogaba… Esas cuatro paredes eran su cárcel, quería salir, gritar al mundo que aún
vivía, que seguía siendo ella misma pero con el corazón en pedazos, que curaría
sus heridas y volvería a florecer, pero al mismo tiempo temía por él, por lo
que sufriría, pensaba constantemente que quizás si él se enfermara la necesitaría
a su lado para acompañarlo; y eso la volvía
a hacer caer en ese lugar… así pasaban los días, su mirada iba apagando como las estrellas más brillantes al culminar
su estadía en la atmosfera, en el espacio, en el universo.
Él estaba todo el día afuera, su prioridad: un futuro que
estaba a punto de extinguirse, de nunca comenzar. Se pasaba los días resolviendo
destinos ajenos mientras que descuidaba el propio, sin siquiera detenerse a
pensar en ella; sus estudios, trabajo y amistades lo estaban agotando, ya no tenía
ganas de levantarse y seguir marchando; sabía lo que vendría al día siguiente.
Nuevas peleas, nuevos desafíos, más problemas ajenos, mas estudio, más trabajo,
menos descanso. Él también quería alejarse y sentirse libre nuevamente, comenzó
a salir solo, a reunirse con otras mujeres y sentirse a gusto con ellas aún más
que con esa mujer, su mujer, que lo esperaba adolorida de alma en su casa. Sus
amigos eran su fortaleza, sus pilares, sus únicos motivos para sonreír… quería salir,
volar, reír, cantar, pero solo.
Ellos Vivian juntos y se amaban intensamente pero en
realidad, no sabían lo que cada uno tenía a su lado, su casa, su hogar estaba vacío,
tan vacío como el corazón de esa muchacha que deseaba volver el tiempo atrás y
sentir otra vez el calor de sus brazos, de su alma, de su piel…
Cada vez era más difícil para ambos…
Había todo lo
necesario en ese lugar llamado hogar para ser compartido entre los dos amantes.,
pero se iba la vida de a poco, pasaban los años y no quedaba nada de ese
incendio que antes existía y los hacía florecer… Sus sonrisas ya no estaban
marcadas en sus rostros, sus miradas estaban tristes y agotadas, se miraban con
deseo pero ninguno podía tragarse ese orgullo que los separaba.
Faltaba eso, ceder, para que ambos volvieran a ser esa
llama que todos admiraban y quería disipar, apagar.
Día a día todo iba todo empeorando… él la rechazaba
constantemente con la excusa de su cansancio; ella dejo de creer en él, su
confianza se iba alejando…
Ya no había detalles, ni planes, ni palabras bonitas de
amor, ni ganas de mirarse a los ojos, pero seguían allí, en ese lugar oscuro y
triste llamado hogar. Tenían tanto para dar y al mismo tiempo lo escondían de
si y del otro por miedo o por orgullo.
Ella comenzó a salir de casa, a trabajar, a continuar con
sus estudios sin mirar hacia atrás, al igual que él lo hacía… Ella comenzó a
descuidar ese lugar llamado porque le faltaban horas del día para terminar con
todos sus quehaceres y obligaciones… Las peleas eran cada vez peores, ya no
denotaban amor ni cariño ni deseo, solo furia, duda, insultos.
Un día decidieron terminar con ese dolor y separarse,
terminar con ese dolor.
Ella se fue a otra provincia, el continuo en ese lugar; comenzaban
a trabajar horas extras para no pensar en lo sucedido y en lo que cada uno había
perdido…
Ella enfermo gravemente y se encontraba sola, sin
familiares, sin amigos, sin su amado…
El llego a su meta, pero al ver lo logrado, se sintió solo,
no había nadie con quien compartir esa felicidad que sentía.
Recordó de esa persona que hasta años atrás lo esperaba
hasta tarde por la noche con los brazos abiertos dispuesta a perdonarle todo, intento
encontrarla pero nadie sabía de ella, había desaparecido literalmente.
Transcurría más tiempo, no sabía que había pasado con esa
mujer que tanto amaba y que había perdido en un cerrar de ojos. Siguió buscándola,
y al ver sus fotos, se dio cuenta que en las ultimas que ella había tomado con
la cámara de su amado, se veía cada vez más frágil, débil, pálida, y cansada. Entre
esas fotos encontró una carta, e hizo memoria con dificultad de algo que ella
le había comentado ese día antes de marcharse.
Al abrirla pudo ver un resultado de estudios médicos y
una carta. Luego de leerla, derramo miles de lágrimas y sintió desfallecer; su
cuerpo se debilito, sus piernas temblaban y su cabeza daba vueltas sin dejar de
llorar.
En esa carta ella le decía que se iría lejos algún día y
que desde donde estaría lo cuidaría por siempre, velaría su camino y sus largas
noches de desvelo; que lo amaba intensamente y que quizás se encontrarían entro
vida.
De despidió con un te amo y miles de lágrimas que al
juzgar por el papel manchado por la tinta corrida, habrían caído por algún
descuido.
Al final de la carta había marcado un beso borgoña con ese
pintalabios le gustaba, y perfumo el sobre con ese exquisito perfume que el le
regalo esa noche de abril.
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